Croqueta con un relleno cremoso de gambón, envueltas en un rebozado que realza su sabor distinguido.
BOLSA 1 KG

Es el ejemplo perfecto de cómo un producto congelado puede estar a años luz de la mediocridad industrial. Porque hay niveles y formas de hacer las cosas; básicamente, dos: bien o mal. Y lo suyo es todo un ejercicio de equilibrio.
Su bechamel tiene la densidad perfecta para sostener el sabor de los ingredientes que acoge. Ya sean de jamón, cecina, bacalao o txuleta, se deshacen en la boca por lo blandas y suaves que resultan. ¿El secreto? La leche es clave.
La ligereza de su rebozado tampoco es casual. El empanado no contiene exceso de azúcares que se quemen a más de 150 ºC, lo que permite mantener intacta la cremosidad y lograr una bechamel muy fina. A esto se suman propuestas como las croquetas de gambón o de pollo al curry.
Al final, todo se resume en una idea sencilla: comprar bien para que el resultado sea bueno. Hoy, que aparezcan mencionadas en cartas de restaurantes es todo un honor. Porque detrás hay una cocina a gran escala, sí, pero no industrial, sino elaborada con respeto por la tradición.